Mostrando entradas con la etiqueta Bergman Ingmar. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Bergman Ingmar. Mostrar todas las entradas

lunes, 24 de septiembre de 2012

De confusiones de Cortázar sobre Bergman y su troupe

Leemos en el relato Ciao, Verona de Julio Cortázar, texto inédito durante 30 años, finalmente incluido en Papeles inesperados y que complementa el relato, también de 1977, Las caras de la medalla:


"... finalmente éramos amigos y el pacto se cumplía, hablamos de Ingmar Bergman y ahí sí, creo, me dejé llevar por lo que tú hubieras apreciado infinitamente y en algún momento (es curioso cómo se me ha quedado en la memoria aunque Javier disimuló limpiamente algo que debía llegarle como una bofetada en plena cara) dije lo que pensaba de un actor norteamericano con el que habría de acostarse Liv Ullmann en no sé cuál de las películas de Bergman, y se me escapó y lo dije, sé que hice un gesto de asco y lo traté de bestia velluda, dije las palabras que describían al macho frente a la rubia transparencia de Liv Ullmann y cómo, cómo, dime cómo, Lamia, cómo podía ella dejarse montar por ese fauno untado de pelos, dime cómo era posible soportarlo, y Javier escuchó y un cigarrillo, sí, el recuento de otras películas de Bergman, La vergüenza, claro, y sobre todo El séptimo sello, la vuelta al diálogo ya sin pelos, el escollo mal salvado, yo iría a descansar un rato a mi pieza y nos encontraríamos para la última cena (ya está escrito, ya te habrás sonreído, dejémoslo así) antes de que él se fuera a la estación para su tren de las once."




Mireille, protagonista del relato, dialoga con Javier -segunda arista del triángulo- acerca de la filmografía de Ingmar Bergman. Al final de la carta, que a lo largo del relato se reproduce, que Mireille escribe a Lamia -tercera arista-, aquélla asocia la lástima y repugnancia que ella misma siente por Javier, con la que sintió al ver una película de Bergman en la que la nívea y pura Liv Ullman se entrega a un actor americano peludo y animalesco. 


Repasando la filmografía de Bergman, todo parece indicar que Cortázar, a través de su personaje, se refiere a La Carcoma; película en la que la protagonista, aburrida de su vida conyugal monótona y poco estimulante, conoce a un arqueólogo americano con el que mantiene una relación pasional y casi destructiva. Si bien, en dicha película, el papel principal femenino no recae sobre Liv Ullman, sino sobre Bibi Andersson. 


La presencia de Elliott Gould, más imposición productiva que necesidad argumental, resulta ser junto a la de David Carradine en "El huevo de la serpiente", la única incursión de un actor de nacionalidad americana en películas de Bergman hasta 1977 -fecha de escritura de Ciao, Verona-. A su vez, analizando las películas que Ullman había realizado con Bergman hasta la fecha: Persona, La hora del lobo, La vergüenza, Pasión, Gritos y susurros y Secretos de un matrimonio, ninguna de ellas parece adecuarse a los detalles expuestos por el personaje de Cortázar -personaje masculino velludo al que se entrega la protagonista-.




Liv Ullman, Harriet y Bibi Anderson, Ingrid Thulin... en todo caso, sufridoras bergmanianas...



miércoles, 12 de septiembre de 2012

Gritos y susurros. INGMAR BERGMAN, 1972. Desde Julio Cortázar


-En efecto -dice Calac -¿Y qué viste en el cine últimamente?

-Malas películas que a mí me parecen buenas, y viceversa. Casi me han golpeado por decir que Gritos y susurros no valía el gran Bergman de otros tiempos, y que en cambio una película erótica holandesa llamada Turkish Delights, que empieza de una manera perfectamente asquerosa, va mostrando una segunda intención que la agranda y la hermosea. Qué querés, sigo prefiriendo cosas marginales a las grandes máquinas tipo Doctor Jivago y Odisea del espacio, aunque hay que decir que en ésta la parte de los monos al principio era para llorar de risa, cosa que no abunda en estos tiempos pinochescos.


"Estamos como queremos o los monstruos en acción" (PAPELES INESPERADOS). Julio cortázar

jueves, 2 de agosto de 2012

Un verano con Mónica. INGMAR BERGMAN, 1953, Suecia. Según Ryszard Kapuscinski

Y luego salía a la calle para encontrarse con su novia, y caminaban juntos, y él le compraba unos caramelos y una botella de limonada más cara, el Negrito, y luego ella le compraba fresas, e iban a ver la película Un verano con Mónica en la que una actriz de apellido difícil se desnudaba ante un actor de apellido difícil, cosa que la chica jamás había hecho ante él. Y luego, mientras la besaba en el parque, por encima de su cabeza y a través de su pelo displicentemente suelto, escrutaba el panorama, a ver si no se acercaba ningún policía, que le quitaría el carné de alumno y lo mandaría a la escuela, o querría veinte zlotys, cuando entre los dos no tenían más que cinco.


Ryszard Kapuscinski. "El tieso" (La Jungla polaca)

viernes, 10 de febrero de 2012

La sed. INGMAR BERGMAN. Suecia, 1949 (2). Según Alejandra Pizarnik

Vi de nuevo La sed. Salí del cine transformada en una estatua. No más sentir. No más luchar. Un perfume a fin de mundo me rodeaba como un halo. La muerte se me apareció como la única salvación. Pero no se trata de salvarse sino de terminar lo antes posible.

La homosexual de La Sed. sus ojos, en la escena de su encuentro con la mujer histérica, tenían un brillo tan mítico, una fijeza tan terrible, que hubiera querido levantarse en introducirme en la pantalla. Una mujer así no es homosexual, no es nada. Es de otro mundo. Por eso aún vibro y me disuelvo de deseos de encontrarla. (Posiblemente esta noche fantasee con encontrarla).


Hasta hoy, ¿cuántos seres mágicos he conocido? La señora vieja y la joven, de negro ambas, que pasaban junto a mí todas las mañanas. La casa que habitaban era el castillo encantado. Años después, la profesora de física, el profesor de historia, Lilia Deniselle y, por último, Ostrov. Olvidaba a Greta Garbo, a Edwige Feillére en Blé en Herbe y a la esfinge de La sed. Creo que se llama Eva Herring. Olvidaba también a la Virgen María y a Picasso. También a la muchacha que juega con una mano en Le Chien Andalou.


De DIARIOS de Alejandra Pizarnik.


lunes, 22 de noviembre de 2010

La sed. INGMAR BERGMAN. Suecia, 1949.

Analizando en conjunto la obra de Ingmar Bergman se puede descubrir su forma circular, como si de un anillo se tratara y por el que tras mucho transitar por su interior no lograras más que alcanzar de nuevo el inicio, ya que son sus primeras películas, “Juegos de Verano”, “El verano con Mónica” o “La Sed”, las que más se parecen en sus propuestas, sus tramas y sus trasfondos a sus últimas disecciones de las relaciones de pareja como“Secretos de un matrimonio”, “La carnaza” o “Saraband”; después de dejar atrás, aunque nunca definitivamente, sus películas más existencialistas, más místicas, más metafísicas, como “El Silencio”, “La vergüenza”, “Los comulgantes”, “Tras el espejo”…


Bien es cierto que de sus primeras películas a su fase final el estilo se transforma y los diálogos no sólo pasan a pulirse milimétricamente dotándoles de mayor carga psico-filosófica, sino que además pasan a centrándose más en las consecuencias dramáticas, en la desesperanza y en la angustia vital; pero tanto en unas como en otras, con 30 años de diferencia, lo que se retrata es lo mismo: la descomposición del amor y la familia en contextos buergueses así como el fracaso de la institución matrimonial, descrita con violencia contenida (cuando no explícita) y sustentada sobre la incomunicación, la soledad y los traumas de los cónyuges.

En “La sed”, y centrándose en un personaje femenino, -como suele siempre hacer Bergman, el de una joven exbailarina, Ruth, antesala, con 20 años de antelación de los personajes devastados de Cara a Cara o La Carcoma, el director sueco introduce la fría y pesimista visión que sobre las relaciones humanas, familiares y sentimentales posee, para conducirnos desde la pérdida de la inocencia y la muerte de las ilusiones juveniles de la protagonista hasta la desesperanza y resignación respecto al amor en su edad adulta.


Ruth ha dejado de confiar en los hombres por los que siente un profundo y ciego rencor después de verse obligada a abortar tras el rechazo sufrido por su antigua pareja, un militar casado que decide abandonarla tras conocer su embarazo. Su resentimiento lo canaliza a través de Bertil; un “sustitutivo”, como ella misma lo considera, con quien atraviesa en tren una Alemania devastada y en ruinas tras la Segunda Guerra Mundial.

Los ambientes cerrados, amortajados y enfermizos de la habitación de un hotel y más tarde del departamento en el vagón del tren, asfixiantes y pegajosos, alientan las continuas discusiones entre la pareja, sus renovados desprecios, sus amenazas, sus miedos, así como las mutuas fantasías de deshacerse del otro.



La película se estructura en escenas de gran duración (en el hotel, en el tren, una trama paralela de la ex novia de Bertil y un flash back de juventud de Ruth), con tomas largas y muy descriptivas, en la que los personajes exponen ciclotímicamente su errática evolución sentimental. Asimismo ciertas imágenes de ensayos teatrales, atmósferas opresivas –cierta secuencia de seducción lésbica con planos que anticipan “Persona”-, de multitudes desesperadas o escenas con rasgo onírico, permiten descubrir al Bergman que acabará revolucionando el cine unos pocos años más tarde; ya que, por fin, como él mismo reconoce, “con La Sed había logrado dominar la torpe máquina cinematográfica”.




ESCENA DAGUERROTIPO

Multitudes desesperadas pidiendo limosna o un poco de pan, lanzándose a las ventanillas de los vagones, donde, como si de un safari se tratara, sin entrar en contacto, los viajantes ceden sus migajas.

Así muestra Bergman la Alemania destruida tras la Guerra que le sirve de contexto para “La sed”; una de amenaza externa, un horror por la verdad y al mismo tiempo una metéfora de las relaciones humanas.


Más sobre La Sed de Ingmar Bergman: http://daguerrotiposyotroscines.blogspot.com/2012/02/la-sed-ingmar-bergman-suecia-1949-2.html


DÓNDE

http://www.tipete.com/userpost/peliculas-series-y-tv-gratis/la-sed-ingmar-bergman-1949-suese