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jueves, 1 de septiembre de 2016

Tema 7. Lo virtuoso, el plano secuencia

7.1. ¿Qué es un plano secuencia?

Un plano secuencia se define como una secuencia filmada en continuidad, sin corte entre planos, en la que la cámara se desplaza siguiendo la acción hasta la finalización de dicho plano. A lo largo de la escena no se produce ni un sólo corte, por lo que no conlleva posterior edición.
Todo el plano secuencia debe estar relatado desde una única mirada.

Se suelen utilizar travellings, componer distintos planos a lo largo de la secuencia mientras se sigue la acción o a los personajes y distintas angulaciones.

Se puede utilizar para un efecto dramático y narrativo si se hace correctamente, si bien algunos directores lo utilizan de forma no dramática ni narrativa, sino como mero instrumento efectista.


7.2. Planos secuencia memorables.

Ver vídeo. Pregenérico de "Sed de mal", Orson Welles,  1958. Pulsar aquí.

Ver vídeo. Escena del funeral de "Soy Cuba", Mikhail Kalatazov, 1964. Pulsar aquí.

Ver vídeo. Pregenérico de "Armonías de Werckmeister", Béla Tarr, 2000. Pulsar aquí.

Ver vídeo. Escena final de "Stalker -la zona-", Andrei Tarkovski, 1979. Pulsar aquí.

Ver vídeo. Escena de la entrada al bar de "Uno de los nuestros", Martin Scorsese, 1990. Pulsar aquí.

Ver vídeo. Escena del Estadio de "El secreto de tus ojos", Juan José Campanella, 2009. Pulsar aquí.

Más información sobre planos secuencia en, por ejemplo, babel36: pulsar aquí.


7.3. Rizar el rizo, películas íntegramente rodadas en un único plano secuencia.

Ver vídeo. "El arca rusa" de Alexander Sokurov, 2002. Para ver la película completa pulsar aquí.

Ver vídeo. "La soga" de Alfred Hitchcock, 1948. Pulsar aquí para ver la peli completa

Ver vídeo. Fragmento de "Timecode" de Mike Figgis, 2000. Pulsar aquí.
Ver vídeo. "Victoria" de Sebastian Schipper, 2015. Pulsar para ver el trailer.

Otras películas rodaas en plano secuencia único: "Hablar" de Joaquín Oristrell, "Fish & cut" de Shahram Mokri o "La casa muda" de Gustavo Hernández.

miércoles, 18 de julio de 2012

Andréi Rublev. ANDREI TARKOVSKI, 1966, URSS. Según Roberto Bolaño.


En su memoria esta película está marcada a fuego. Aún hoy la recuerda incluso en
pequeños detalles. En esa época la acababa de ver, así que su narración debió de ser,
por lo menos, vívida. La película cuenta la historia de un monje pintor de iconos en la
Rusia medieval. A través de las palabras de B van desfilando los señores feudales, los
popes, los campesinos, las iglesias quemadas, las envidias, la ignorancia, las fiestas y un
río de noche, las dudas y el tiempo, la certeza del arte, la sangre que es irremediable. Tres
personajes aparecen como figuras centrales, si no en la película, sí en la narración que de
la película rusa hace este chileno en una casa de chilenos, enfrente del sillón de un
chileno suicida frustrado, en una suave tarde de primavera en Barcelona: el primer
personaje es el monje pintor; el segundo personaje es un poeta satírico, en realidad una
especie de beatnik, un goliardo, un tipo pobre y más bien ignorante, un bufón, un Villon
perdido en las inmensidades de Rusia a quien el monje, sin pretenderlo, hace apresar por
los soldados; el tercer personaje es un adolescente, el hijo de un fundidor de campanas,
quien tras una epidemia afirma haber heredado los secretos paternos en aquel difícil arte.
El monje es el artista integral e íntegro. El poeta caminante es un bufón pero en su rostro
se concentra toda la fragilidad y el dolor del mundo. El adolescente fundidor de campanas
es Rimbaud, es decir, es el huérfano.


El final de la película, dilatado como un nacimiento, es el proceso de fundición de la
campana. El señor feudal quiere una campana nueva, pero una plaga ha diezmado a la
población y ha muerto el fundidor. Los hombres del señor feudal van a buscarlo pero sólo
encuentran una casa en ruinas y al único sobreviviente, su hijo. El adolescente los intenta
convencer de que él sabe cómo se hace una campana. Tras algunas dubitaciones, los
esbirros del señor se lo llevan consigo no sin antes advertirle que pagará con su vida si la
campana sale defectuosa.

El monje, que voluntariamente ha dejado de pintar y que se ha impuesto el voto de
silencio, pasa de vez en cuando por el campo en donde los trabajadores están
construyendo la campana. El adolescente a veces lo ve y se burla de él (el adolescente se
burla de todo). Le hace preguntas que el monje no contesta. Se ríe de él. En los
alrededores de la ciudad amurallada, a la par que avanza el proceso de construcción de
la campana va creciendo una especie de romería popular a la sombra de los andamiajes
de los trabajadores. Una tarde, mientras pasa por allí en compañía de otros monjes, el
monje pintor se detiene para escuchar a un poeta, que resulta ser el beatnik al que por su
culpa, hace muchos años, encarcelaron. El poeta lo reconoce y le echa en cara su
pasada acción, y le relata, con palabras brutales y con palabras infantiles, las penalidades
que ha pasado, lo cerca que ha estado, día a día, de la muerte. El monje, fiel a su voto de
silencio, no le contesta, aunque por la forma en que lo mira uno se da cuenta de que lo
asume todo, lo que le toca y lo que no le toca, y le pide perdón. La gente mira al poeta y
al monje y no entiende nada, pero le ruega al poeta que siga contándoles historias, que
deje al monje en paz y que continúe haciéndolos reír. El poeta está llorando, pero cuando
se vuelve a su auditorio recobra el buen humor.


Y así pasan los días. A veces el señor feudal y sus nobles se acercan a la improvisada
fundición para ver los trabajos de la campana. No hablan con el adolescente sino con un
esbirro del señor feudal que sirve de intermediario. También pasa el monje y observa, con
interés creciente, los trabajos. El interés del monje ni el propio monje lo comprende. Por
otra parte, la cuadrilla de artesanos que está a las órdenes del adolescente se preocupa
por éste. Lo alimentan. Bromean con él. Con el trato diario le han cogido afecto. Y por fin
llega el gran día. Levantan la campana. Alrededor del andamiaje de madera desde donde
cuelga y desde donde se la hará tañer por primera vez se reúne todo el mundo. El pueblo
entero ha salido al otro lado de la muralla. El señor feudal y sus nobles e incluso un joven
embajador italiano, al que los rusos le parecen unos salvajes, esperan. Tocan la
campana. El repique es perfecto. Ni la campana se quiebra ni el sonido se apaga. Todos
felicitan al señor feudal, incluso el italiano. El pueblo está de fiesta.


Cuando todo acaba, en lo que antes era una romería y ahora es un gran espacio lleno de
escombros, sólo quedan dos personas junto a la abandonada fundición, el adolescente y
el monje. El adolescente está sentado en el suelo y llora a moco tendido. El monje está de
pie junto a él y lo observa. El adolescente mira al monje y le dice que su padre, ese cerdo
borracho, jamás le enseñó el arte de la construcción de campanas, que prefirió morirse
llevándose el secreto consigo, que él aprendió solo, mirándolo. Y luego sigue llorando.
Entonces el monje se agacha y rompiendo un voto de silencio que había jurado iba a ser
de por vida, le dice: ven conmigo al monasterio, yo volveré a pintar y tú harás campanas
para las iglesias, no llores, más.


Y ahí acaba la película.
Cuando B deja de hablar, U está llorando.”


"Días de 1978". Roberto Bolaño.

lunes, 13 de febrero de 2012

jueves, 9 de febrero de 2012

martes, 3 de mayo de 2011

Circuncines 11. Exilio y nostalgia en Tarkovski

Nuestra historia debería comenzar a principios de los años 60. El joven Andrei Tarkovski, tras abandonar las carreras de música, arte y  estudios orientales, acaba de ingresar en la Escuela de cinemtaografía de Moscú.

Una noche junto a algunos compañeros participa en una sesión de espiritismo en la que deciden invocar al gran poeta Goran Pasternak. Cuando le llega su turno, Andrei le pregunta al espíritu del escritor por el número de películas que llegará a dirigir. "Siete", responde Pasternak. "¿Sólo 7?". Le inquiere extrañado Tarkovski. "Sí; pero todas buenas", concluye el poeta desde el más allá.


30 años después Tarkovski se encuentra en Suecia rodando “El sacrificio”. Desde hace más de 5 años el director vive exiliado; Italia, Suecia y Francia fueron los destinos elegidos como mal menor para poder continuar una carrera trabada en su propio país por el paranoico régimen soviético, que siempre consideró demasiado místico y existencialista su cine, alejado de las consignas materiaslitas y propagandísticas del partido.


Ya su primera película, La infancia de Iván, un alegato antibelicista narrado a través de los ojos de un niño embrutecido por la guerra, fue rechazada por el Régimen stalinista por considerarlo un canto al individualismo y al ensueño burgués; algo inadecuado para los tiempos que corrían de guerra fría.

Aunque sería con su segunda película, la monumental Andrei Rublev, por la que el Régimen acabaría por etiquetar como director non grato a Tarkovski. 


El film en el que se narra la vida del pintor iconográfico medieval le sirve a Tarkovski para a través de los ojos de éste radiografiar la baja edad media y sus continúas convulsiones político religiosas provocadas por las invasiones tártaras, las luchas entre príncipes y la superstición e ignorancia del pueblo.

La película tras ser elegida inicialmente para representar a la URSS en el Festival de Cannes es finalmente objeto de sabotaje institucional. Bajo amenaza directa del Gobierno soviético, que alega ciertas imprecisiones históricas y escenas de rara violencia en el film, el Festival se ve obligado a devolver la copia sin llegar a exhibirla.


La película muestra a personajes destruidos en busca de una paz espiritual inalcanzable. El misticismo ortodoxo vinculado al cuerpo y a la naturaleza determina el tono del film así como la deriva de sus personajes, fusionados litúrgicamente con los cuatro elementos mientras son observados cautelosamente por un dios omnipresente.

Este planteamiento sin respuesta a las grandes preguntas que vertebra todas la filmografía de Tarkovski y que tanto irrita a las Autoridades rusas se repite en su tercer film, la última oportunidad que le brindaron las grandes productoras soviéticas. 

En plena carrera espacial, Tarkovski recibe el encargo de rodar un contraataque soviético a "2001, una Odisea en el espacio". El director ruso tras visionar el film de Kubrick comprende que debe alejarse lo máximo posible esa "estética de ilustración de revista de Ciencia Ficción", tal y como él definió la película de Kubrick.


Así, basándose en la novela de Stanislaw Lem, Tarkovski rodó Solaris incidiendo en el misterio filosófico del océano que extrayendo información de la memoria de quien se acerca y estudiando su psique le envía la materialización de su subconsciente.

La película sufre 35 eclécticas apreciaciones de la censura soviética que van desde la aparición del concepto de Dios asociado al océano al "inconcebible y gratuito" paseo que el protagonista efectúa en calzoncillos por la nave; sin llegar a saber muy bien cuál de ambos "defectos" es más hiriente para la censura.


Más tarde y ya con el rechazo de las grandes productoras soviéticas Tarkovski realiza un homenaje intimista y autobiográfico a su padre, el poeta Arseni Tarkovski. La película, llena de referencias a su infancia y con constantes aportaciones oníricas de una estética y plástica sobrecogedora, es catalogada como película de tercera categoría y con permiso de exhibición tan sólo en pequeñas y minoritarias salas.

Por aquel entonces Tarkovski está a punto de tirar la toalla y más cuando tras rodar la primera parte de su nuevo film el celuloide original se deteriora en su revelado obligando a reiniciar el rodaje desde el principio. Cuando por fin, Stalker, La zona, que llegó a realizar casi por despecho, llegó a manos de los directores de distribución éstos le dijeron ¿pero quién va a ver esta basura?


Al director sólo le quedaba el exilio. En Italia rodó su sexta película, cuyo título es lo suficientemente explícito como para descubrir en ella la desazón, la pérdida de identidad y la insuperable melancolía que los artistas rusos han venido sufriendo, desde Gogol a Dostoyeski, cuando se apartan de su patria; un estado emocional en el que se entremezcla el sentimiento de hermandad con el pueblo de acogida con la añoranza lírica por su Tierra.


Tras Nostalgia, Tarkovski se desplaza a Suecia para rodar “Sacrificio”. En el momento de rodearse del equipo técnico habitual de Bergman y comenzar el rodaje el director desconocía que un tumor cancerígeno empezaba a desarrollarse fatal y definitivamente en su cuerpo.

Tal y como había presagiado el poeta Pasternak justo al acabar su séptima película, el director fue ingresado en un hospital parisino. 

Como muestra Chirs Marker en su emotivo documental "Un día en la vida de Andrei Arsenevitch", desde la cama del hospital realizará la edición del film y desde esa misma cama recibirá a su hijo, a quien el gobierno ruso llevaba impidiendo ver más de 5 años, y a quien permitió salir del país tan sólo despues de revisar los informes médicos y constatar la cercana muerte del director.


El 30 de diciembre de 1986 falleció en París el gran poeta místico del cine, dejando sin respuesta las grandes preguntas sobre la vida y el hombre planteadas a lo largo de sus siete films.

Para ver el Circuncines sobre Andrei Tarkovski:  http://www.adnstream.com/video/sneVsaSboW/CircunCines-Andrei-Tarkovski