Eso explica que, como a su tiempo la opción cura, la opción puto haya
quedado descartada a la hora de explotar su facultad para la escucha.
Para puto Puig, piensa. El escritor Manuel Puig, que no soportaba que lo
real estuviera tan lejos, que llegaba a lo real acelerando, acortando
camino por la vía de la ficción, su verdadero y único intermezzo.
Él, la ficción, la usa al revés, para mantener lo real a distancia,
para interponer algo entre él y lo real, algo de otro orden, algo, si es
posible, que sea en sí mismo otro orden. De ahí todo, o casi todo: leer
antes incluso de saber leer, dibujar sin saber todavía cómo se maneja
el lápiz, escribir ignorando el alfabeto. Todo sea por no estar cerca.
Historia del llanto, de Alan Pauls
miércoles, 9 de octubre de 2013
martes, 1 de octubre de 2013
Metalenguajes 5. Sterne desde Bryce Echenique
"Pero tampoco me queda más remedio que seguir contando, contando para ello con la ayuda de Dios todopoderoso y Laurence Sterne, creador fabuloso de Vida y opiniones del Caballero Tristam Shandy, rey de digresión y de la confianza en la ayuda divina, que muy seriamente llegó a calificar de religioso su método de trabajo, porque él sólo escribía la primera frase de sus libros y el resto se lo confiaba a su ayuda, por demás excelente de Dios todopoderoso."
Alfredo Bryce Echenique. La última mudanza de Felipe Carrillo.
Alfredo Bryce Echenique. La última mudanza de Felipe Carrillo.
lunes, 23 de septiembre de 2013
Metalenguajes 4. Monterroso y Bryce.
"Hay que ver lo mal que escribe uno algunas tardes. Precisamente por eso hay que valorar a escritores tan importantes como Augusto Monterroso, que son capaces de escribir un cuento de una sola línea, como ese que se llama nada menos que Fecundidad y dice así: "Hoy me siento bien; un Balzac, estoy terminando esta línea"."
Alfredo Bryce Echenique. "La última mudanza de Felipe Carrillo".
Alfredo Bryce Echenique. "La última mudanza de Felipe Carrillo".
domingo, 8 de septiembre de 2013
Piero desde Alan Pauls
Pero esa noche ve aparecer al cantautor de
protesta en el escenario del pub, ve su silueta avanzar desde el fondo,
alta, desgarbada, rociada de aplausos y gritos mordidos, tanto que de
golpe se hace difícil precisar si lo alientan o lo amenazan, y
acomodarse con su guitarrita criolla en el taburete alto que han
instalado en el proscenio, ve cómo un haz luminoso disparado desde el
techo lo entuba de brillo y recorta su cabeza enrulada y el contorno de
sus anteojos de miope, los dos hallazgos más persistentes de su
iconografía personal –además, claro, de la sempiterna sonrisa, tan
inseparable de su rostro que más de una vez la han atribuido a una forma
benévola de atrofia muscular-, intactos, todos, a pesar de los siete
años de exilio, y de algún modo puestos de relieve por el mameluco
blanco que lleva puesto, uno de esos “carpinteros” que se abrochan a la
altura del pecho y que usan no los carpinteros, que no han visto uno ni
pintado, sino las mujeres embarazadas, las maestras jardineras y los
actores que, hartos de probar suerte en audiciones multitudinarias y ser
rechazados, terminan asilándose en el mundo de las obras de teatro para
chicos o las comedias musicales, lo único nuevo, por otra parte, que
parece haberse traído del molino sin luz ni agua potable en el que dicen
que vivió en las afueras de Madrid, eso, el mameluco blanco, y una
canción que esa noche no tarda en cantar, primicia para todos y
revelación total para él, que al escucharla cree comprender algo
decisivo para su vida –esa noche lo ve, él, que solo lo conoce por las
tapas de sus discos, las fotos de las revistas, las presentaciones en
programas de televisión, y se pregunta estupefacto a quién puede
habérsele pasado por la cabeza que pueda ser peligroso, que valga la
pena hostigarlo, hacerle la vida imposible, forzarlo a dejar el país,
borrar del mapa sus canciones.
Y sin embargo, si tuviera que elegir en ese momento algo en el mundo que hable de él, algo que lo nombre y que él no pueda eludir por más que quiera, porque lo que nombra es una especie de núcleo idiota y recóndito que ni él mismo se ha atrevido aún a nombrar, él elegiría tres versos de la canción que el cantautor de protesta estrena esta noche (...)que canta prop primera vez en su ciudad, en su país, en los que, como confiesa antes de ejecutarla, no ha dejado de pensar mientras la componía, encienden la verdad que él llevaba grabada en secreto. Hay que sacarlo todo afuera / Como la primavera / Nadie quiere que adentro algo se muera.
Historia del llanto, Alan Pauls
Y sin embargo, si tuviera que elegir en ese momento algo en el mundo que hable de él, algo que lo nombre y que él no pueda eludir por más que quiera, porque lo que nombra es una especie de núcleo idiota y recóndito que ni él mismo se ha atrevido aún a nombrar, él elegiría tres versos de la canción que el cantautor de protesta estrena esta noche (...)que canta prop primera vez en su ciudad, en su país, en los que, como confiesa antes de ejecutarla, no ha dejado de pensar mientras la componía, encienden la verdad que él llevaba grabada en secreto. Hay que sacarlo todo afuera / Como la primavera / Nadie quiere que adentro algo se muera.
Historia del llanto, Alan Pauls
miércoles, 4 de septiembre de 2013
Metalenguajes 3. Durrell en Bryce.
"No hay música ya nunca porque la música sólo sirve para confirmar nuestra soledad, Eusebia, lo dijo Lawrence Durrell, un escritor inglés entre cuyas obras se encuentran El cuarteto de Alejandría y Limones amargos, ¿sabes? No, qué vas a saber, es mucho para ti, ¿no?".
Alfredo Bryce Echenique. La última mudanza de Felipe Carrillo.
Alfredo Bryce Echenique. La última mudanza de Felipe Carrillo.
lunes, 5 de agosto de 2013
La misa ha terminado, 1985, de Nanni Moretti por Alan Pauls
Cura no, ni pensarlo -a menos que por cura se entienda al párroco que interpreta Nanni Moretti en La messa è finita, víctima, mártir, precisamente, del aura de comprensión, tolerancia, también sagacidad que lo envuelve, que de algún modo le permite "ascender", puesto que es ese don, raro aun entre los curas, que deberían venir de fábrica con él, el que hace que sus superiores decidan trasladarlo y de la oscura parroquia que administra en una oscura isla del mar Tirreno lo destinene a una oscura parroquia de los suburbios de Roma, y que parece invitar a sus padres, a su hermana, al círculo de amigos con los que se reencuentra después de años, todos estragados por el tiempo, la frustración, la enfermedad, la amrgura sexual, el derrumbe de los ideales...
Alan Pauls, Historia del llanto
Alan Pauls, Historia del llanto
domingo, 4 de agosto de 2013
Metalenguajes 2. Lord Jim desde Bryce.
"Muchísima música de fondo tuve que escuchar antes de enterarme de que lo único que ha cambiado en mi vida soy yo. Nada muy grave tampoco, y eso es lo peor, aunque por ahí Joseph Conrad en su libro Lord Jim me ande tranquilizando con es de que el hombre es un ser asombroso pero definitivamente no es una obra maestra".
Alfredo Bryce Echenique. "La última mudanza de Felipe Carrillo".
Alfredo Bryce Echenique. "La última mudanza de Felipe Carrillo".
sábado, 3 de agosto de 2013
Lugares novelados. París 1
"Mientras tanto, mi Departamento como que había embellecido, Montparnasse, el barrio al cual me había mudado al fallecer Liliana, como que también había embellecido, y lo mismo sucedía con la rue Vavin y con el edificio de la Rue Vavin en que quedaba mi Departamento. Embelleció también, de pronto, el Distrito 14 porque en él se hallaba mi atelier...".
"Agarré Departamento en Barrio popular de París, mismo distrito 18, rue Polonceau, lejísimos del taller de mis éxitos y costumbres, segundo piso, ascensor y todo; aunque esto último fue pura coincidencia con la letra del tango (...). Un poquito más allá, en el número 38, de la rue, vivía Catherine Delay, hermosa y blanca como la pared enfrente de mi cama (...)
- ¿Y por qué elegiste este barrio?
- Porque quiero mudarme por última vez, Catherine.
- ¿Tú también...?
- ¿También tú...?"
"A la altura de Notre Dame, a Eusebia no le gustó Notre Dam, o sea que invité a Catherine a comer por ahí por el Barrio LAtino (...). Y escogí un gran burdeos, porque de golpe acababa de encantarme Notre Dame por dentro y por fuera, por ambos lados, y vista por detrás, que es por donde más me ha gustado siempre".
"Llevaba miles de paseos, años de paseos por un barrio de París o de mi vida en el que siempre llovía".
ALFREDO BRYCE ECHENIQUE, "La última mudanza de Felipe Carrillo".
"Agarré Departamento en Barrio popular de París, mismo distrito 18, rue Polonceau, lejísimos del taller de mis éxitos y costumbres, segundo piso, ascensor y todo; aunque esto último fue pura coincidencia con la letra del tango (...). Un poquito más allá, en el número 38, de la rue, vivía Catherine Delay, hermosa y blanca como la pared enfrente de mi cama (...)
- ¿Y por qué elegiste este barrio?
- Porque quiero mudarme por última vez, Catherine.
- ¿Tú también...?
- ¿También tú...?"
"A la altura de Notre Dame, a Eusebia no le gustó Notre Dam, o sea que invité a Catherine a comer por ahí por el Barrio LAtino (...). Y escogí un gran burdeos, porque de golpe acababa de encantarme Notre Dame por dentro y por fuera, por ambos lados, y vista por detrás, que es por donde más me ha gustado siempre".
"Llevaba miles de paseos, años de paseos por un barrio de París o de mi vida en el que siempre llovía".
ALFREDO BRYCE ECHENIQUE, "La última mudanza de Felipe Carrillo".
jueves, 1 de agosto de 2013
Barbarroja de Kurosawa en Alan Pauls
(...) y por Bueno él entiende grosso modo el rango de sentimientos positivos que otros suelen llamar bondad humana, el más famoso, hasta donde él sepa, el cineasta japonés Akira Kurosawa, de quien ve y admira toda la obra con una sola excepción, la película precisamente llamada Bondad humana -Barbarroja-.
Ese mero título, y poco importa lo bien que sepa que no ha nacido de la cabeza de Kurosawa sino de la del distribuidor local, basta para mantenerlo alejado de los cines donde la exhiben, y esto no sólo contra la opinión general, siempre sensible a
la alianza extorsiva entre bondad y humanidad, o los elogios desvergonzados con que la crítica celebra su estreno, sino contra el arrobamiento de su padre, que en un primer momento, citando sin saberlo las palabras de los mismos críticos que viernes a viernes condena a arder en el infierno por ineptos, no duda en considerarla «la obra
cumbre» de Kurosawa y objeta la reticencia de su hijo con escándalo, pero algunos años después, cuando la sustancia del conflicto ya es historia pero no su forma, recicla su vieja indignación en una gran escena de humor repetitivo, por otro lado su género predilecto de humor. El gag, que no tarda en volverse clásico, consiste básicamente en llamarlo por teléfono cada jueves, día de estre nos de cine en Buenos Aires, y antes de decirle nada, antes incluso de saludarlo, preguntarle a boca de jarro: «¿Y? ¿Al final fuiste a ver Bondad humana?», así cada jueves de cada semana, hasta que él alcanza la mayoría de edad y al jueves siguiente, después de hacerse asesorar por un conocido con alguna experiencia en cuestiones legales, atiende el teléfono y adivina la voz de su padre sin necesidad de oírla, y antes de que articule una vez más la pregunta de rigor, si al final fue a ver, etcétera, lo amenaza con mandarlo a la cárcel porabuso psicológico reiterad.
Historia del llanto. Ala Pauls
lunes, 29 de julio de 2013
Volver para Bryce
"Total que veinte años no es nada, según las más avanzadas corrientes de la filosofía argentina. Véase si no, algunos textos de Borges, Ernesto Sábato, Carlitos Gardel, Discépolo, etc. No veinte años no es nada y yo tengo dos veces veinte. ¿Dos veces nada? Eso, exactamente eso, dos veces nada...".
Alfredo Bryce Echenique, "La última mudanza de Felipe Carrillo".
Alfredo Bryce Echenique, "La última mudanza de Felipe Carrillo".
miércoles, 24 de julio de 2013
Metalenguajes I. Rayuela en Bryce
"Además, fíjense ustedes, yo no logro creer en los libros experimentales, con capítulos prescindibles e imprescindibles, por ejemplo, como Rayuela, porque cuando son excelentes, como Rayuela, por ejemplo, no sólo se convierten en clásicos modernos sino que, por añadidura, los lectores se leen los capítulos imprescindibles y los prescindibles y, hasta en casos tan ingenuos como el mío, que no aprendo nunca, se releen los prescindibles una y otra vez para ver qué demonios pueden tener para que su autor los haya colocado en un segundo plano, por así decir, prescindible, siendo tan buenos como los del primer plano imprescindible. Y, por último, ¿qué le pasa a uno, como me pasó a mí, cuando un capítulo prescindible le gusta muchísimo más que uno imprescindible y etc.? ¿Valium?"
Alfredo Bryce Echenique "La última mudanza de Felipe Carrillo".
sábado, 15 de junio de 2013
Los rasgos de la mexicanidad según Octavio Paz en el cine de entre 1977 y 1978 de Arturo Ripstein. PARTE 1
El cine de Arturo Ripstein se produce,
casi siempre, de puertas para dentro; lo que ocurre en el exterior apenas sirve
para afianzar la dualidad de sus protagonistas: por una parte un ser público,
higiénico, decente, que respeta las convenciones y que incluso se erige en
adalid de su defensa, y otro privado, perverso, corrupto, hipócrita. "El
mexicano es un ser que se encierra y se preserva. Máscara el rostro y máscara
la sonrisa", apunta Octavio Paz para resumir la incomodidad con que el mexicano
actúa al mostrar públicamente su interior, al abrirse; al sincerarse al otro.
Por las cuatro películas que el director
mexicano realiza entre 1977 y 1978 se pasean personajes “enmascarados”, celosos
tanto de su intimidad y la de su familia como la de los demás; personajes que
cuando se hacen públicos "tan siquiera se atreven a rozar con los ojos al
vecino" (OP).
Tal y como ya realizaría Buñuel durante
su etapa mexicana, Ripstein incide crudamente en las perversiones humanas, en
esos extremos aparentemente psicóticos o enfermizos, pero muchas veces
presentes en nuestro vecino, en nuestra anciana tía, en el respetable comisario
de policía o en nosotros mismos, que trascienden sólo al cerrarse las puertas y
que en muchas ocasiones pueden estar casi tan justificados ética o socialmente
como la mismísima y mediocre normalidad; centrándose en el reverso lúgubre de
lo que el mexicano hace público y que por tanto esconde bajo aquello que
Octavio Paz llamó “máscara” en su Laberinto de la soledad. Porque parafraseando al premio Nobel, el cine de
Ripstein muestra la vida del mexicano, “la concepción de la vida como combate;
la posibilidad de chingar o ser chingado. Es decir, de humillar, de castigar y
ofender. O a la inversa”.
El Ripstein de la década de los 70 no es
aún el director atroz, crudo, de desesperada y descompuesta visión del mundo,
de personajes extremos y atormentados únicamente galvanizados por sus instintos
y pulsiones más primitivas, en que se convertiría tras su unión sentimental y
profesional con la escritora y guionista Paz Alicia Garciadiego (con quien
comenzaría a colaborar en 1986 con "El imperio de la fortuna"); pero
aún sin llegar serlo, de su cine de esta década emanan los rasgos, usos y
abusos propios, en palabras de Octavio Paz, del mexicano.
El vividor Pancho: camionero sin raíces,
galán y macho bajo su máscara de apariencia pero al mismo tiempo hijo pródigo,
ridiculizado y de moral servil frente al patriarca del pueblo en El lugar
sin límites, la entrañable tía
Alejandra de la película de igual título: tierna en apariencia, entrañable
anciana y sostén económico de la familia de su sobrino pero practicante puertas
para adentro de su habitación de luctuosas liturgias negras y vengativo
espiritismo, el Tarzán Lira de Cadena Perpetua: exladrón arrepentido y ahora trabajador del mismo banco que antaño
planeó robar, o la totalidad del pueblo donde discurre La viuda negra, en la que ni uno sólo de sus habitantes muestra su
verdadero rostro, estableciendo una barrea, una muralla entre la realidad, la
verdad y ellos mismos. Personajes todos ocultos bajo un disfraz social.
"El mexicano siempre está lejos;
lejos del mundo y de los demás, también de sí mismo" (OP), tan lejos del
mundo como lo están los personajes aislados en su propia casa de El castillo
de la pureza, como lo están los vecinos
del pueblo donde se desarrolla El lugar sin límites o donde se había desarrollado años atrás Tiempo de
morir, tan lejos de sí mismos como el ladrón
de Cadena Perpetua o como el cura
de La viuda negra que tan sólo consigue
liberarse de las ataduras morales y convencionales mediante el fuego carnal,
enfrentándose así a lo que proviene de fuera: recato, pudor, ceremonia...
La mentira, "de importancia
decisiva en la vida cotidiana; para ocultarnos y ponernos al abrigo de
intrusos" (OP), vertebra las tramas de dos de las películas de este
periodo: La viuda negra y Cadena
perpetua. En la primera, una joven sugerente,
abocada a la provocación erótica tras la educación represiva recibida
desde la infancia en un orfanato, entra a trabajar como ama de llaves del
sacerdote de una aldea aburguesada. A la llegada de la extraña los celos se
traslucen entre las mujeres de la villa, envidiosas de su salvajismo erótico
primario.
El médico del pueblo, solterón
desesperado, se enamora lujuriosamente de la recién llegada, quien acaba por
rechazarlo tras un intento de violación. La verdad se transforma en perversa
falacia cuando el médico informa al pueblo de que es él quien ha sido seducido
por el ama de llaves y, con la intención de deshacerse de cualquier rastro de
culpa, sugiere que el cura haya podido ya haber aceptado tales
insinuaciones.
Tras reunir a un pueblo escandalizado e
inquisitivo que, sin querer oír la verdad, pide "la cabeza" de la
joven seductora, acaba por cumplirse el efecto Pigmalión y ama de llaves y
sacerdote convergen en un romance tórrido y fugaz que concluye con la muerte
del sacerdote (por una extraña mezcla de culpa, amor y pasión), no sin antes
asistir a la indignidad del pueblo reseñada en la inatención del médico hacia
el paciente y del resto de mujeres que dejan morir al sacerdote alegando que
como pecador consideran merecido su "divino" castigo.
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