jueves, 6 de septiembre de 2012

Maurice Fanon tamizando la noche Triste en Julio Cortázar

Esas cosas que llegan justo, la voz de Maurice Fanon desde un disco, estar en la marea baja del diálogo que se deshilacha, que necesita nuevos tragos de vino y cigarrillos para resistir, la voz de Fanón como un resumen amargo, me souvenir de toi / de ta loi sur mon corps, canta bien, dijo Francine, es raro escuchar algo así en un restaurante.


Me souvenir de toi / de ta loi sur mon corps. Sí, chiquita.

—No estés triste, Andrés, te olvidarás de ella, te olvidarás de nosotras, volverás a tu mùsica, en el fondo nunca amaste a las mujeres, para ti no hay más que ese interior, no sé cómo decirlo, donde te paseas como un lento tigre.


¿Pero me lo decía realmente o me seguían hablando desde esa canción? Distraerme, irme así frente a Francine que había venido por mí y me acompañaba en mi noche triste (que nunca le había hecho escuchar y que en todo caso no comprendería), irme dejándole una cara lisa y hasta atenta, llenándole la copa irme tan lejos, dar vueltas manzana, rué Clovis, rué Descartes, rue Thouin, rue de l'Estrapade, rue Clotilde y nuevamente la rué Clovis, para qué ya, por qué si yo mismo lo había querido. 





Pobre Francine, todavía más abandonada que Ludmilla en esa hora en que yo le servía otra copa de vino acariciándole la mano y escuchábamos a Fanon, me souvenir de toi / de ta loi sur mon corps, y todo era fuga y distancia, cortés sistema de huecos y ausencias, Francine en el restaurante, la voz de Fanón, yo dando la vuelta en la esquina de la rué Thouin, yo sirviéndole otra copa de vino y acariciándole la mano, un vago sistema de trenes por vías que se cruzan y separan, inútiles pañuelos en las ventanillas, inútil cercanía, demasiado distraído y borracho, a la vez el tren y alguien perdido en él y que busca a alguien, las palabras ordenándose una vez más para nombrar el desorden, escucha, chiquita, escucha estas maneras de viajar.


LIBRO DE MANUEL. Julio Cortázar

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