Eso explica que, como a su tiempo la opción cura, la opción puto haya
quedado descartada a la hora de explotar su facultad para la escucha.
Para puto Puig, piensa. El escritor Manuel Puig, que no soportaba que lo
real estuviera tan lejos, que llegaba a lo real acelerando, acortando
camino por la vía de la ficción, su verdadero y único intermezzo.
Él, la ficción, la usa al revés, para mantener lo real a distancia,
para interponer algo entre él y lo real, algo de otro orden, algo, si es
posible, que sea en sí mismo otro orden. De ahí todo, o casi todo: leer
antes incluso de saber leer, dibujar sin saber todavía cómo se maneja
el lápiz, escribir ignorando el alfabeto. Todo sea por no estar cerca.
Historia del llanto, de Alan Pauls
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miércoles, 9 de octubre de 2013
domingo, 8 de septiembre de 2013
Piero desde Alan Pauls
Pero esa noche ve aparecer al cantautor de
protesta en el escenario del pub, ve su silueta avanzar desde el fondo,
alta, desgarbada, rociada de aplausos y gritos mordidos, tanto que de
golpe se hace difícil precisar si lo alientan o lo amenazan, y
acomodarse con su guitarrita criolla en el taburete alto que han
instalado en el proscenio, ve cómo un haz luminoso disparado desde el
techo lo entuba de brillo y recorta su cabeza enrulada y el contorno de
sus anteojos de miope, los dos hallazgos más persistentes de su
iconografía personal –además, claro, de la sempiterna sonrisa, tan
inseparable de su rostro que más de una vez la han atribuido a una forma
benévola de atrofia muscular-, intactos, todos, a pesar de los siete
años de exilio, y de algún modo puestos de relieve por el mameluco
blanco que lleva puesto, uno de esos “carpinteros” que se abrochan a la
altura del pecho y que usan no los carpinteros, que no han visto uno ni
pintado, sino las mujeres embarazadas, las maestras jardineras y los
actores que, hartos de probar suerte en audiciones multitudinarias y ser
rechazados, terminan asilándose en el mundo de las obras de teatro para
chicos o las comedias musicales, lo único nuevo, por otra parte, que
parece haberse traído del molino sin luz ni agua potable en el que dicen
que vivió en las afueras de Madrid, eso, el mameluco blanco, y una
canción que esa noche no tarda en cantar, primicia para todos y
revelación total para él, que al escucharla cree comprender algo
decisivo para su vida –esa noche lo ve, él, que solo lo conoce por las
tapas de sus discos, las fotos de las revistas, las presentaciones en
programas de televisión, y se pregunta estupefacto a quién puede
habérsele pasado por la cabeza que pueda ser peligroso, que valga la
pena hostigarlo, hacerle la vida imposible, forzarlo a dejar el país,
borrar del mapa sus canciones.
Y sin embargo, si tuviera que elegir en ese momento algo en el mundo que hable de él, algo que lo nombre y que él no pueda eludir por más que quiera, porque lo que nombra es una especie de núcleo idiota y recóndito que ni él mismo se ha atrevido aún a nombrar, él elegiría tres versos de la canción que el cantautor de protesta estrena esta noche (...)que canta prop primera vez en su ciudad, en su país, en los que, como confiesa antes de ejecutarla, no ha dejado de pensar mientras la componía, encienden la verdad que él llevaba grabada en secreto. Hay que sacarlo todo afuera / Como la primavera / Nadie quiere que adentro algo se muera.
Historia del llanto, Alan Pauls
Y sin embargo, si tuviera que elegir en ese momento algo en el mundo que hable de él, algo que lo nombre y que él no pueda eludir por más que quiera, porque lo que nombra es una especie de núcleo idiota y recóndito que ni él mismo se ha atrevido aún a nombrar, él elegiría tres versos de la canción que el cantautor de protesta estrena esta noche (...)que canta prop primera vez en su ciudad, en su país, en los que, como confiesa antes de ejecutarla, no ha dejado de pensar mientras la componía, encienden la verdad que él llevaba grabada en secreto. Hay que sacarlo todo afuera / Como la primavera / Nadie quiere que adentro algo se muera.
Historia del llanto, Alan Pauls
lunes, 5 de agosto de 2013
La misa ha terminado, 1985, de Nanni Moretti por Alan Pauls
Cura no, ni pensarlo -a menos que por cura se entienda al párroco que interpreta Nanni Moretti en La messa è finita, víctima, mártir, precisamente, del aura de comprensión, tolerancia, también sagacidad que lo envuelve, que de algún modo le permite "ascender", puesto que es ese don, raro aun entre los curas, que deberían venir de fábrica con él, el que hace que sus superiores decidan trasladarlo y de la oscura parroquia que administra en una oscura isla del mar Tirreno lo destinene a una oscura parroquia de los suburbios de Roma, y que parece invitar a sus padres, a su hermana, al círculo de amigos con los que se reencuentra después de años, todos estragados por el tiempo, la frustración, la enfermedad, la amrgura sexual, el derrumbe de los ideales...
Alan Pauls, Historia del llanto
Alan Pauls, Historia del llanto
jueves, 1 de agosto de 2013
Barbarroja de Kurosawa en Alan Pauls
(...) y por Bueno él entiende grosso modo el rango de sentimientos positivos que otros suelen llamar bondad humana, el más famoso, hasta donde él sepa, el cineasta japonés Akira Kurosawa, de quien ve y admira toda la obra con una sola excepción, la película precisamente llamada Bondad humana -Barbarroja-.
Ese mero título, y poco importa lo bien que sepa que no ha nacido de la cabeza de Kurosawa sino de la del distribuidor local, basta para mantenerlo alejado de los cines donde la exhiben, y esto no sólo contra la opinión general, siempre sensible a
la alianza extorsiva entre bondad y humanidad, o los elogios desvergonzados con que la crítica celebra su estreno, sino contra el arrobamiento de su padre, que en un primer momento, citando sin saberlo las palabras de los mismos críticos que viernes a viernes condena a arder en el infierno por ineptos, no duda en considerarla «la obra
cumbre» de Kurosawa y objeta la reticencia de su hijo con escándalo, pero algunos años después, cuando la sustancia del conflicto ya es historia pero no su forma, recicla su vieja indignación en una gran escena de humor repetitivo, por otro lado su género predilecto de humor. El gag, que no tarda en volverse clásico, consiste básicamente en llamarlo por teléfono cada jueves, día de estre nos de cine en Buenos Aires, y antes de decirle nada, antes incluso de saludarlo, preguntarle a boca de jarro: «¿Y? ¿Al final fuiste a ver Bondad humana?», así cada jueves de cada semana, hasta que él alcanza la mayoría de edad y al jueves siguiente, después de hacerse asesorar por un conocido con alguna experiencia en cuestiones legales, atiende el teléfono y adivina la voz de su padre sin necesidad de oírla, y antes de que articule una vez más la pregunta de rigor, si al final fue a ver, etcétera, lo amenaza con mandarlo a la cárcel porabuso psicológico reiterad.
Historia del llanto. Ala Pauls
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