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martes, 22 de mayo de 2012

Sonidos de Rayuela. Capítulo 54

Astor Piazzola. La rayuela

Talita había entrado y vuelto a salir, atraída por la rayuela, y esa ruptura de un segundo entre el pasaje y la reaparición había bastado para engañarlo como aquella otra noche en la proa del barco, como a lo mejor tantas otras noches.



John Coltrane. Part 1 Acknowledgement. A Love Supreme.

…era de imaginar la conversación con el viejo de la paloma, uno de esos seudodiálogos en que al interlocutor lo tiene sin cuidado que el otro hable o no hable siempre que esté ahí delante, siempre que haya algo ahí delante, cualquier cosa, una cara, unos pies saliendo del hielo.

Andá a saber si no sos vos la que esta noche me escupe tanta lástima. Andá a saber si en el fondo no hay que llorar de amor hasta llenar cuatro o cinco palanganas. O que te las lloren, como te las están llorando…



Charlie Parker. I Cant Get Started.

Y tampoco su beso era para ella, no ocurría allí grotescamente al lado de una heladera llena de muertos, a tan poca distancia de Manú durmiendo. Se estaban como alcanzando desde otra parte, con otra parte de sí mismos, y no era de ellos que se trataba, como si estuvieran pagando o cobrando algo por nosotros, como si fueran los golems de un encuentro imposible entre sus dueños.



Christoph W. Gluck. Orfeo y Eurídice.

Estaba en su pequeño, cómodo Hades refrigerado, pero no había ninguna Eurídice que buscar…

martes, 17 de abril de 2012

Sonidos de Rayuela. Capítulos 35 y 121

John Coltrene. A love Supreme. Parte 4. Psalm.

…era el momento justo de decirle a Oliveira lo de inquisidor, de afirmar lacrimosamente que en su perra vida había conocido a alguien más infame, desalmado, hijo de puta, sádico, maligno, verdugo, racista, incapaz de la menor decencia, basura, podrido, montón de mierda, asqueroso y sifilítico.

Entonces Oliveira había dejado de reírse, y como si bruscamente aceptara el juicio (aunque nadie lo estaba juzgando, porque el Club no estaba para eso) había tirado el cigarrillo al suelo, aplastándolo con el zapato, y después de un momento, apartando apenas un hombro para evitar la mano de Etienne que se adelantaba indecisa, había hablado en voz muy baja, anunciando irrevocablemente que se borraba del Club y que el Club, empezando por él y siguiendo con todos los demás, podía irse a la puta que lo parió.
Dont acte.

martes, 10 de abril de 2012

Sonidos de Rayuela. Capítulo 31

Sonny Rollins & John Coltrane - Tenor Madness

Si busca un acceso a los infiernos no tenés más que mostrarles algunas de estas cosas. En un plano modesto, claro, pero también el infierno se ha abaratado. Las nekías de ahora: un viaje en el metro a las seis y media o ir a la policía para que te renueven la carta de séjour.

Hacía tanto que no teníamos una buena charla metafísica, ¿eh? Ya no se estila entre amigos, pasa por snob.

jueves, 8 de marzo de 2012

Sonidos de Rayuela. Capitulo 90

1.     The Yas yas girl. Merline Johnson. Sold it to the devil

En esos casos Oliveira agarraba una hoja de papel y escribía las grandes palabras por las que iba resbalando su rumia. Escribía, por ejemplo: “El gran hasunto”, o la “hencrucijada”. Era suficiente para ponerse a reír y cebar otro mate con más ganas. “La hunidad”, hescribía Oliveira. “El hego y el hotro”. Usaba las haches como otros la penicilina.



2.     John Coltrane. A love supreme. Parte III, Pursuance.

Ser actor significaba renunciar a la platea, y él parecía nacido para ser espectador en fila uno. “Lo malo” se decía Oliveira, “es que además pretendo ser un espectador activo y ahí empieza la cosa”.


miércoles, 29 de febrero de 2012

Sonidos de Rayuela. Capítulo 14

John Coltrane. A love supreme. Resolution.
Sidney Bechet. Si tu vois ma mere. 

Se pusieron a beber, apreciativos, y Ronald les soltó un John Coltrane que hizo bufar a Perico. Y después un Sidney Bechet época París merengue, un poco como tomada de pelo a las fijaciones hispánicas.



Big Bill Broonzy. See see rider.

La voz llegaba de tan lejos que parecía una prolongación de las imágenes, una glosa de letrado ceremonioso. Por encima o por debajo Big Bill Broonzy empezó a salmodiar See, see, rider, como siempre todo convergía desde dimensiones inconciliables, un grotesco collage que había que ajustar con vodka y categorías kantianas, esos tranquilizantes contra cualquier coagulación demasiado brusca de la realidad. O, como casi siempre, cerrar los ojos y volverse atrás, al mundo algodonoso de cualquier otra noche escogida atentamente de entre la baraja abierta. See, see, rider, cantaba Big Bill, otro muerto, see what you have done.



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