miércoles, 8 de febrero de 2012

Le Havre. AKI KAURISMAKI, 2011, Finlandia

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El cine de Aki Kaurismaki está hecho de miradas fuera de cuadro, de personajes paralizados, de frases precisas, de rostros solemnes y gestos casi imperceptibles que sintetizan elípticamente estados de ánimo o situaciones dramáticas.

Un cine frío, tan finlandés como ese vodka que siempre beben sus personajes en tugurios repletos de rockeros que hablan de cocina y escuchan a Gardel.

Pero detrás de este estilo seco y sobrio, propio de directores clásicos como Ozu o Bresson, el cine de Kaurismaki se construye sobre una triple vertiente: lírica, humorística y socialmente reivindicativa; lo que le permite convertir a personajes casi inexpresivos en epicentros de nuestras emociones; y a pobres desamparados y excluidos en héroes sociales anónimos.

Marcado por tales características y apostando, sin ser en él habitual, por un optimismo ateo y a la vez mágico, Le Havre se traduce como un cuento luminoso sobre las redes de ayuda y solidaridad dentro de las comunidades, y del que trasciende una profunda metáfora social: para que Europa logre curarse de la enfermedad mortal que padece, debe antes romper los grilletes con los que tiraniza al tercer mundo.


1 comentario:

  1. ¡Te pillé! Así que has vuelto por aquí...

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