viernes, 2 de marzo de 2012

Sonidos de Rayuela. Capítulo 16

1.     Duke Ellington y su orquesta. Hot and Bothered.

- En resumen -opinó Ronald- ya sería tiempo de escuchar algo así como Hot and Bothered.
- Título apropiado a las circunstancias rememoradas -dijo Oliveira llenando su vaso-.


2.     Duke Ellington y su orquesta. I don’t mean a thing.
3.     Pete Johnson (Big Joe Turner). Roll ‘Em Pete.

Por un instante la máquina Ellington los arrasó con la fabulosa payada de la trompeta y Baby Cox, la entrada sutil y como si nada de Johnny Hodges, el crescendo (pero ya el ritmo empezaba a endurecerse después de treinta años, un tigre viejo aunque todavía elástico) entre riffs tensos y libres a la vez, pequeño difícil milagro: Swing, ergo soy. Apoyándose en la manta esquimal, mirando las velas verdes a través de la copa de vodka (íbamos a ver los peces al Quai de la Mégisserie) era casi sencillo pensar que quizá eso que llamaban la realidad merecía la frase despectiva del Duke, It don't mean a thing if it ain't that swing, pero por qué la mano de Gregorovius había dejado de acariciar el pelo de la Maga, ahí estaba el pobre Ossip más lamido que una foca, tristísimo con el desfloramiento archipretérito, daba lástima sentirlo rígido en esa atmósfera donde la música aflojaba las resistencias y rejía como una respiración común, la paz de un solo enorme corazón latiendo para todos, asumiéndolos a todos. Y ahora una voz rota, abriéndose paso desde un disco gastado, vieja tristeza anacreóntica, un carpe diem Chicago 1929.
You so beautiful but you gotta die some day,                You so beautiful but you gotta die some day,               
All I want's a little lovin' before you pass away.  
De cuando en cuando ocurría que las palabras de los muertos coincidían con lo que estaban pensando los vivos (sí unos estaban vivos y los otros muertos).



4.     Earl Hines. I ain’t got nobody.

Y de golpe, con una desapasionada perfección, Earl Hines proponía la primera variación de I ain't got nobody, y hasta Perico, perdido en una lectura remota, alzaba la cabeza y se quedaba escuchando.

Desvalida, se le ocurrían pensamientos sublimes, citas de poemas que se apropiaba para sentirse en el corazón mismo de la alcachofa, por un lado I ain't got nobody, and nobody cares for me, que no era cierto ya que por lo menos dos de los presentes estaban malhumorados por causa de ella, y al mismo tiempo un verso de Perse, algo así como Tu est là, mon amour, et je n'ai lieu qu'en toi.

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